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domingo, 6 de octubre de 2019
¡Dios, qué buen vasallo! ¡Si tuviese buen...!
Cuando don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, llegó a casa después de un largo y trabajoso exilio, doña Jimena sonreía alegremente porque ya se había encargado ella de solventar el conflicto con el rey Alfonso, al que tenía convenientemente escondido bajo el lecho conyugal.
Rosencrantz y Guildenstern
saben que Ofelia no se lanzó al agua ella solita. Pero en Elsinor no tenían departamento de violencia de género, y tampoco había necesidad de cabrear al príncipe.
Nocturno de neuronas invisibles
Las cruces de mi espejo
Tienen los días contados
Porque ya no dejo a las arañas
Subir por la barandilla de la escalera.
Los complicados puzles sentimentales
de mi pastel de cumpleaños
se están oxidando en las fotos
de los álbumes de color sepia.
Ninguno de ellos tiene razón
y sin embargo
todos saben que es verdad.
Las huellas del gigante se han quedado
clavadas en el cemento
en el que planté mis hortensias.
Mira que las cartas ya decían,
que no era buen momento.
Esta llave que dicen que lo abre todo
se quiebra como el cristal cada
vez que se estrella una lágrima
contra el suelo.
Desde ahí arriba me están mirando
los insensatos talones de los calendarios
que se han empeñado en seguir pasando.
Yo les hablo
o más bien les ruego
en un idioma extraño
que ni mi propia lengua entiende.
Cuando intuición e inspiración deciden
fumarse mis intentos en pipa
yo devoro su humo a bocanadas.
Soy un pez que pierde la vida
en burbujas sin nombre.
Tienen los días contados
Porque ya no dejo a las arañas
Subir por la barandilla de la escalera.
Los complicados puzles sentimentales
de mi pastel de cumpleaños
se están oxidando en las fotos
de los álbumes de color sepia.
Ninguno de ellos tiene razón
y sin embargo
todos saben que es verdad.
Las huellas del gigante se han quedado
clavadas en el cemento
en el que planté mis hortensias.
Mira que las cartas ya decían,
que no era buen momento.
Esta llave que dicen que lo abre todo
se quiebra como el cristal cada
vez que se estrella una lágrima
contra el suelo.
Desde ahí arriba me están mirando
los insensatos talones de los calendarios
que se han empeñado en seguir pasando.
Yo les hablo
o más bien les ruego
en un idioma extraño
que ni mi propia lengua entiende.
Cuando intuición e inspiración deciden
fumarse mis intentos en pipa
yo devoro su humo a bocanadas.
Soy un pez que pierde la vida
en burbujas sin nombre.
viernes, 4 de octubre de 2019
En casa
El silencio solía ser
ese lugar incómodo
donde uno excavaba agujeros
para esconderse.
No ahora, que conozco tus labios,
y han convertido el silencio
en ese colchón
perfumado de hogar
donde resguardarse del frío.
Tenían que llegar
tus párpados curiosos.
Tus pupilas tenues
apenas dibujadas en el fondo
de tu iris marrón.
Tenías que hablar
con palabras precisas
para darle el nombre a todo.
Pasarían, ¡y quién lo diría!
deliciosas tardes eternas
cobijados entre las páginas
de una fantástica historia.
Mientras rugen las burbujas
del café recién hecho.
Has parado todas las espadas
y bebido todos los venenos
solo por mí.
Convertiste tus brazos
y tu voz experta
en el escudo que me protegería
de todo.
y mis piernas cuelgan por el borde.
Pero oigo tu voz
una voz amiga
una voz amable:
mi casa, mi familia.
Y dices: ya está, soy yo,
ya ha pasado todo,
no hay nada que temer.
lunes, 30 de septiembre de 2019
Manifiesto que he vivido
Déjame hablar
No pretendas sedarme, congelarme y cortarme en taquitos
para venderme en tus supermercados conceptuales.
No me llames
uno de esos nombres inventados por ti.
Qué más da si Laura, Dafne o Beatriz
Nada cambia esencialmente.
Si me metes
en ese molde hinchable con zapatos de purpurina
o si tengo corales en los labios y oro pajizo en el pelo
es lo mismo.
Prefieres
desvaída tez o bronceado de cabina
ala de cuervo o rubio aplatinado
tuberculosa o con la cara lavada
porque a ti el maquillaje no te gusta
hasta que ves a una mujer recién levantada.
Y seré yo la caprichosa...
¿Es mucho pedir?
Salir sin miedo a bailar el tango
y volver a casa a salvo.
Elegir una prenda más o menos sinuosa,
porque no, la transparencia no es para ti.
Ser ninfa y no laurel, una noche,
y otra, y otra más.
Sin que temamos que nos conviertan
en una de esas crueles fantasías
pornográficas
en las que nosotras tenemos poco que decir
y mucho que tragar.
¿Es mucho pedir ser libre?
¿Es mucho pedir ser mía, tremenda,
irremediable e incomensurablemente
mía?
Sin oír en las noticias, tras una semana,
desaparecida,
las inservibles consignas feministas.
Porque una más duerme esta noche
privada del dulce hálito de la vida.
No pretendas sedarme, congelarme y cortarme en taquitos
para venderme en tus supermercados conceptuales.
No me llames
uno de esos nombres inventados por ti.
Qué más da si Laura, Dafne o Beatriz
Nada cambia esencialmente.
Si me metes
en ese molde hinchable con zapatos de purpurina
o si tengo corales en los labios y oro pajizo en el pelo
es lo mismo.
Prefieres
desvaída tez o bronceado de cabina
ala de cuervo o rubio aplatinado
tuberculosa o con la cara lavada
porque a ti el maquillaje no te gusta
hasta que ves a una mujer recién levantada.
Y seré yo la caprichosa...
¿Es mucho pedir?
Salir sin miedo a bailar el tango
y volver a casa a salvo.
Elegir una prenda más o menos sinuosa,
porque no, la transparencia no es para ti.
Ser ninfa y no laurel, una noche,
y otra, y otra más.
Sin que temamos que nos conviertan
en una de esas crueles fantasías
pornográficas
en las que nosotras tenemos poco que decir
y mucho que tragar.
¿Es mucho pedir ser libre?
¿Es mucho pedir ser mía, tremenda,
irremediable e incomensurablemente
mía?
Sin oír en las noticias, tras una semana,
desaparecida,
las inservibles consignas feministas.
Porque una más duerme esta noche
privada del dulce hálito de la vida.
miércoles, 2 de agosto de 2017
Estampa gótica
Tenía los ojos tristes
Y negros
Tenía los ojos viejos
Tenía suspendidas
En la plata de las pupilas
Las alas de un ángel muerto
Y negros
Tenía los ojos viejos
Tenía suspendidas
En la plata de las pupilas
Las alas de un ángel muerto
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